LAS
MÚSICAS DE LORCA: UNA APROXIMACIÓN A SU OBRA
Patricia Lara Roldán patrigrx@hotmail.com
I.
Primeros contactos: su formación en "lo popular"
Basta acercarse
a la figura de Lorca y a su obra para deducir que la música esta omnipresente
en ambas y es que ésta ha formado parte de la vida y la educación
de nuestro poeta incluso desde antes de nacer. Como indica Ian Gibson
(1), si observamos el pasado de Lorca vemos cómo
procede de una larga saga de músicos y artistas, que heredan a su
descendencia todo el patrimonio cultural acumulado a lo largo de años
dedicados al mundo del arte. Su primer contacto con la música le viene
por vía paterna. El bisabuelo de Federico cantaba y tocaba la guitarra,
destreza que transmitió a sus hijos, entre ellos Enrique, abuelo del
poeta. Éste, al igual que su padre, enseño a sus nueve hijos su acerbo
cultural y su amor por la música. Entre los nueve se encontraba como
alumno aventajado el padre del literato, D. Federico García Rodríguez.
De esta forma, Lorca vivió la música desde la cuna y su primer contacto
con la tradición andaluza lo recibió de los cantes y las fiestas que
presenció en el seno familiar. En el repertorio de su tío abuelo Baldomero
García Rodríguez, que cantaba flamenco, figuraba ya algo de Cante
Jondo. Como señala Christopher Maurer (2) la especialidad
de Baldomero eran las "jabeas", cante que se caracterizaba por su
dureza, aspereza y gravedad, muy emparentada con la malagueña. Pero
no solo cantaba flamenco sino también canción popular andaluza. Viviendo
en el campo granadino, Lorca tuvo un contacto directo con los campesinos
y su cultura, y aprendió los cantes y bailes populares andaluces a
muy temprana edad.
Su formación
musical la inició con su madre y su tía Isabel García que "tenia un
talento musical especialmente notable, y cantaba, acompañándose de
la guitarra, con extraordinaria afinación y voz delicada" (3).
Con ellas dará nuestro poeta sus primeros pasos musicales, aprendiendo
a tocar la guitarra muy joven. Esta etapa de la infancia es fundamental
para la obra de Lorca, puesto que será aquí donde tome contacto no
solo con los grandes clásicos de la música, sino sobre todo con la
música popular española. En la Vega de Granada aprenderá las canciones
tradicionales que él relacionaba con las faenas agrícolas y con las
fiestas del campo, y de las criadas aprenderá nanas y otras canciones
populares de la época. Éstas conseguirán despertar en el joven Lorca
el interés por la música tradicional. Como el mismo poeta expresa
"ellas están realizando hace mucho tiempo la importantísima labor
de llevar el romance, la canción y el cuento a las casas de los aristócratas
y los burgueses" (4). El aprendizaje de esta época
será determinante para la obra del poeta. La preocupación por lo popular
será una constante en su vida, no obstante, aunque en sus primeras
obras puede hablarse de "regionalismo", el Lorca maduro asume lo popular
como esencia y lo sublima a través de su propia creación artística.
Las huellas
de este saber popular que Lorca asimila en el campo, la encontramos
en sus poemas de juventud fundamentalmente, sirviendo de base para
libros como Poema del cante jondo y Romancero Gitano.
En Lorca se va a despertar una gran curiosidad hacia el mundo de la
tradición que le acompañará toda la vida. Recogerá pues muchas de
las canciones y letrillas de su infancia, usándolas para su poesía
o incorporándolas en algunas de sus obras de teatro. Así encontramos
numerosas cancines y nanas (5) como "A la e-a,
e-a, e-a", " A la ro-ro", que pertenecen al cancionero
de Olmeda; "A la nana, nana, nana, a la nanita de aquel que llevó
el caballo al agua" de origen popular, de la que Lorca llego a
recoger hasta seis versiones diferentes en Granada; "A la una yo
nací", que el poeta recoge y adapta para su obra teatral Bodas
de sangre, acto III, cuadro último: "Canción de las hilanderas"; "Al
pasar el arroyo de Santa Clara" canción infantil que pertenece
al Cancionero de Olmeda y a la que Lorca hace referencia en "El Camino"
(Libro de poemas), en "Desposorio" (Canciones) y en
"El camino" (Poema del Cante Jondo), entre muchas otra canciones
infantiles de la tradición popular española que Lorca escucho de niño
y que hicieron mella en nuestro poeta. Otras canciones como "Quisiera
ser tan alta como la luna" de origen anónimo y que se recoge en
Mil canciones españolas o "El águila palomera ¡tan alta
la vi subir!", malagueña que perteneció al repertorio de "tía
Isabel" y de su madre, son algunas de las miles que iniciaron su gusto
por lo popular.
En 1909
comenzará su formación académica como músico en Granada de la mano
de Eduardo Orense, organista de la catedral y pianista. Continuará
sus estudios de piano y armonía con D. Antonio Segura Mesa para quien
"Lorca se convierte en tan excelente pianista que se le augura una
distinguida carrera musical" -según recoge Gibson en su articulo "Lorca
y la música" citado anteriormente-. Con él Lorca manifiesta su intención
de dedicarse profesionalmente a la música como pianista mucho antes
de surgir su vocación literaria. Como apunta Roger D. Tinnell (6)
debemos tener en cuenta que los primeros manuscritos que se conservan
de Lorca son partituras musicales. Con la muerte de D. Antonio Segura
Mesa, en 1916, y la oposición de su padre a que viaje a París para
continuar sus estudios, la prometedora carrera musical del poeta se
ve truncada, pero la música ya no podrá separarse de su vida y su
obra. Según el propio Lorca: D. Antonio le "inició en la ciencia folklórica"
que él recrea en sus obras, sobre todo en los primeros libros y poemas.
En estos escritos de juventud abundan los términos, géneros y referencias
a composiciones y autores musicales. Lorca desarrolla así una fuerte
curiosidad por lo popular que le llevará a sumergirse en el estudio
de la tradición musical española y sobre todo andaluza.
En
esta época de juventud, Lorca no se limitará a beber de la cultura
popular que trae de Fuente Vaqueros y que enriquecerá en Granada de
la mano de su maestro D. Antonio, ni tampoco a interpretar a los grandes
músicos y formarse como pianista, sino que su gran talento y su creatividad
le llevaran a escribir varias obritas musicales como "Murmullos
del Albaicín" (7), composición juvenil de Lorca
cuya letra será escrita por José Mora Garrido. Y también a armonizar
muchas letras y canciones que había escuchado o encontrado en sus
investigaciones.
2. Contacto
con el flamenco
Tres años
después de viajar a Granada, en 1919 conoce Lorca a D. Manuel de Falla,
que al igual que él, estaba investigando la tradición musical española
e incorporándola a su obra. Las magnificas dotes interpretativas de
nuestro poeta, su talento para la improvisación y su amplio conocimiento
musical le harán destacar en los círculos artísticos. Conocerá a los
músicos más importantes de su época como Regino Sainz de la Maza,
Adolfo Salazar o Rodolfo Halffter, entre otros, y por supuesto al
maestro D. Manuel de Falla, con el que culminará su formación como
músico y emprenderá proyectos musicales como el "Concurso de Cante
Jondo" celebrado en Granada en 1922. Su dominio del folklore español
y sus numerosas dotes musicales le llevan a investigar los romances
tradicionales por las Alpujarras granadinas junto con D. Ramón Menéndez
Pidal.
Abandonada
su intención de dedicarse a la música profesionalmente, se dedica
a madurar como literato el conocimiento popular que ha acumulado en
su investigación como músico. Estos años de estudio lo han convertido
en un "coleccionista de música tradicional y gran conocedor de los
cancioneros españoles" (8) que recoge o armoniza
para el teatro o para recitales poéticos. Así encontramos un gran
número de canciones populares como "Anda jaleo" (9)
y el "Zorongo Gitano" (10) incluidas en sus
obras. Pero no solo se interesó Lorca por "lo andaluz" sino que llegará
a tener un impresionante repertorio popular en Gallego y Catalán.
Conoció el Cancionero de Pedrell y los de Barbieri, Torner
y Ledesma, entre otros, y es que la formación de Lorca en este momento
se centra más en la "poesía popular cantada y en la música antigua
transcrita en cancioneros desde el Renacimiento" (11)
que en el flamenco. Lorca forma parte en este momento de la corriente
intelectual que se creó a principios de siglo, preocupada por la renovación
social y cultural de España. Este grupo dio una gran importancia a
la tradición cultural que se estaba perdiendo, la estudió, recuperó
y regeneró con el fin de conseguir su propósito de renovación.
Su
interés por la música tradicional gitana viene dado cuando en 1922
organiza junto con Falla el "Concurso del Cante Jondo". La amistad
que se forja entre el músico y Lorca se aumenta cuando unen fuerzas
para tratar de dignificar este arte casi perdido. El cante jondo es
en estos momentos la gran preocupación del músico gaditano y tratará
de transmitírsela a su discípulo. Las enseñanzas del maestro llevarán
a Lorca a profundizar en la cultura que rodea a esta tradición convirtiéndose
en el protagonista de poemas y libros como Poema del cante jondo
o Romancero gitano. Este interés por el flamenco ya no le abandonará
nunca por lo que podemos decir que su relación con Falla y con la
música gitana fue crucial para su trayectoria como poeta. Como el
mismo Lorca nos dice: "de expresar yo algo flamenco, sería la soleá
o la seguiriya gitana, o el polo o la caña, o sea, lo hondo, lo escueto,
el fondo primitivo del andaluz, la canción que es más grito que gesto".
El poeta abarca en su estudio el acervo cultural español desde los
cancioneros del s. XV y las seguidillas del s. XVIII, o a la zarzuela
del s. XIX. También destacan sus numerosas interpretaciones de esta
música tradicional así como sus armonizaciones y creaciones basadas
en este aprendizaje de lo popular español que realiza desde la sencillez
que le transmite la cercanía del pueblo. Lorca las interpretó muchas
veces en público en el Teatro Español o en la Residencia de Estudiantes.
Lorca pasara
de lo popular a lo popular flamenco, recogiendo en su obra como literato
y como músico gran parte del repertorio que escucha en el concurso
y fuera de él. Ya en 1921 asistirá con Falla a multitud de tertulias
flamencas en Granada y viajará a Sevilla para "oír cantar la saeta
en su forma más pura" (12). Es en este contexto
que Lorca concibe su Poema del cante jondo, que no verá la
luz hasta diez años después. A pesar de que, como afirma el flamencólogo
W. Washabaugh, "García Lorca conocía solo de lejos los estilos del
cante que él alababa y estaba mal informado de lo que se había escrito
acerca de esos estilos" (13), no podemos considerar
esta preocupación por el cante jondo como ligera o poco profunda puesto
que su obra nos muestra una constante preocupación por el flamenco
que no dejará nunca de lado. Lorca se muestra en sus libros y en las
conferencias que dio sobre este tema, concienciado del gran valor
espiritual y artístico del cante jondo. En su conferencia "El cante
jondo: primitivo cante andaluz" nos dice: "Es el grito de las generaciones
muertas, la aguda elegía de los siglos desaparecidos...", "Es hondo,
verdaderamente hondo, más que todos los mares que rodean el mundo...
Viene de las razas lejanas atravesando el cementerio de los años [...]
Viene del primer llanto y el primer beso".
A diferencia
de su Libro de poemas y sus poemas de juventud, nuestro poeta
se apartará radicalmente de la luminosidad y el colorido que predomina
en su obra hasta entonces, para inundarla de la oscuridad y la pasión
que tratan de describir el mundo del cante flamenco. Cobrarán gran
importancia los elementos del arte gitano como la guitarra, a la que
dedicará numerosos poemas, dibujos, bellas descripciones..., como
muestra en el poema "La guitarra" (perteneciente a la obra
Poema del cante jondo) que ha sido versionado, armonizado e
interpretado por multitud de músicos y artistas, o la "fiesta de los
toros" que para Lorca va indisolublemente unida al cante gitano y
al que dedicará poemas y obras del calibre de Llanto por la muerte
de Ignacio Sánchez Mejías. En 1921 Lorca está en pleno desarrollo
de su mundo poético andaluz. El Poema del cante jondo y la
conferencia que dio sobre este tema constituyen los primeros ejemplos
de su trabajo en este campo. Logra captar como nadie las esencias
dramáticas del cante jondo, sus bailes, sus ambientes, sus objetos,
sus lamentos, sus gentes, sus paisajes... Lorca consigue recrear en
su obra la ambigüedad del cante jondo, su carácter ritual y religioso,
su orientalismo, su carácter colectivo y su esencial emotividad en
maravillosos poemas como "Alba", "El grito" o la "Malagueña"
e inmortalizará a personajes como "Juan Breva". Pero la labor
que el poeta comenzó en su niñez no culmina con este fascinante libro
sino que toda su obra será un continuo buscar en la música la mejor
inspiración y un decir con la música aquello que las palabras no expresan.
3. La
música en su teatro
En su fase
de madurez, Lorca encontrará en el teatro el espacio idóneo para satisfacer
su inquietud musical. En él conseguirá engarzar perfectamente sus
dos grandes pasiones: poesía y música. De este modo sus obras teatrales
se llenan de pinceladas musicales bien sea en forma de letrilla, como
canción popular o como baile (si nos referimos al texto mismo) o bien
como música incidental. Lorca compone un gran número de obras para
su teatro y armonizará muchas otras que tomará del amplísimo repertorio
popular que ha acumulado durante años. Del mismo modo seleccionará
entre sus músicos preferidos las obras idóneas para los estrenos de
sus dramas o para el teatro que recuperó en "La Barraca" en
el que encontramos multitud de adaptaciones y armonizaciones del poeta.
Para el
estreno de la obra Amor de Don Perimplín con Belisa en el jardín,
el 5 de abril de 1933, escoge cinco sonatinas de Alessandro Scarlatti
y compone varias piezas instrumentales para guitarra y para flauta
que incluye en la obra. Del mismo modo compone la música para la obra
Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores donde incluye
títulos como "A tira y afloja perdí mi dedal" o "Rosita,
por verte la punta del pie". Otros estrenos como el de la obra
El maleficio de la mariposa cuenta con "ilustraciones musicales
sacadas de las obras de Edvard Grieg y Claude Debussy" (14)
y con canciones populares armonizadas por el autor como "Un gusanito
me dijo ayer" o "Que las hojitas del mastranzo". El
retablillo de Don Cristóbal se estrenó el 25 de marzo de 1934
con música de Manuel de Falla, Stravinsky y del propio Lorca que compone
entre otras "Por el aire van los suspiros". En el estreno de
1935 fue el propio Federico el que interpretó las obras musicales
que él había compuesto. Asimismo, La zapatera prodigiosa posee
música original compuesta por Lorca como "Polka" o "Que
salga usted, Mozo" y canciones recogidas y armonizadas por él
como "Los cuatro muleros" y "Romance de los pelegrinitos".
Esta preocupación
que muestra el poeta por la música en sus obras es aún más evidente
en los grandes dramas donde adquiere un papel protagonista. Este es
el caso de Bodas de sangre, la cual, como nos dice Casares
Rodicio, adquiere forma de opera: "Bodas de sangre puede asumirse
como un drama coral con clara inspiración en la Cantata 140
de Bach. En la cantata se dan las mismas imágenes de la obra: el bosque,
la luna, la muerte" (15). En el estreno de la obra
el 8 de marzo de 1933, Lorca usó uno de los conciertos brandemburgeses
de Bach para separar los dos primeros actos del tercero. En el estreno
en Buenos Aires se oyeron no sólo lo señalado sino también diversas
obras como "El amor brujo" de Falla, fragmentos de J. S. Bach
, piezas de Albéniz y Granados... Asimismo, esta obra contiene pequeñas
piezas compuestas por el autor como "Al salir de tu casa",
"Canción de cuna", "Canción de las hilanderas", "Despierte
la novia", entre otras. Del mismo modo Yerma y La casa
de Bernarda Alba cuentan con composiciones del mismo Lorca entre
las que hay que destacar "A la nana, nana, nana", "Ay, ¡Que
blanca y triste casada" para la primera y "Canción de los Segadores"
para la segunda.
Otras obras
estrenadas por Lorca disfrutaron de la creatividad de nuestro poeta.
Entre ellas encontramos títulos como El Burlador de Sevilla
de Tirso de Molina, Funeteovejuna y La dama Boba de
Lope de Vega o La vida es sueño de Calderón de la Barca para
las que compuso multitud de canciones de corte popular en sus adaptaciones.
Debemos destacar de todas ellas "Las agachadas", que incorporó
en la obra Fuenteovejuna así como "Canción de los cuatro elementos",
"Cuanto en fuego, tierra, mar y aire", "Sobre áspid y basilisco"
que escribió para La vida es sueño. Aquí las canciones serán
"elemento consustancial de su obra para la escena, no como mero entretenimiento,
sino como función dramática dentro de ella" (16).
Conclusión
En conclusión,
la música constituye un elemento fundamental en la vida y obra de
Lorca, de tal manera que componen una unidad indivisible. Su faceta
como literato y como dramaturgo no puede concebirse sin tener en cuenta
que Lorca fue antes que nada músico, y que a pesar de que las circunstancias
le impulsaron a abandonar esta vocación, jamás pudo dejarla del todo.
Desde la niñez hasta la muerte le acompañó en muchos de sus proyectos
artísticos de una u otra forma como inspiración constante, como refugio,
como inquietud, como expresión, como dolor o como alegría, poniendo
la música al servicio de la literatura e incluso convirtiendo su obra
en homenaje a la misma. Lorca quiso transmitir a través de las notas,
el ritmo, la melodía, la cadencia, todo aquello que las palabras no
pueden decir con la maestría de la que solo la genialidad del poeta
granadino es capaz. Aprendió del pueblo las esencias de su poesía
y utilizó su saber vital para crear obras universales de temas humanos
con un profundo sonido de guitarras y violines, de cantes y bailes,
de estribillos y letrillas que la convierten en algo más que un placer
para los sentidos.
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2.
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3.
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4.
GARCÍA LORCA, Federico, Conferencias, I / II, introducción,
edición y notas de Christopher. Maurer, Madrid: Alianza Editorial,
1984, p. 158.
5.
TINNELL, Roger. Federico García Lorca y la música: catálogo y discografía
anotados. Madrid: Fundación Juan March, 1998. Nos ofrece una recopilación
de obras musicales que se recogen en la obra del poeta o que han tenido
en algún modo algo que ver con él.
6.
Ibidem, p. XI.
7.
Ibid. p. 205.
8.
Ibid. p. XII.
9.
Canción popular que Lorca incluye en su obra teatral La zapatera
Prodigiosa, Acto I; Canción recogida y armonizada por Federico
García Lorca. Véase la partitura en Obras Completas, II, pp.
815-816
10.
Canción armonizada por Federico García Lorca. Véase "Canciones populares
antiguas"; La zapatera prodigiosa, acto II, escena V-1933.
11.
CASARES RODICIO, E. "García Lorca, Federico". En: Diccionario de
la música española e hispanoamericana, Vol. 3, Dir. Emilio CASARES
RODICIO. Madrid: SGAE, 2000, p. 462-464.
12.
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